“No queremos pago, queremos fondos para garantizar nuestros derechos” Tuntiak Katan en diálogo con Tenure Facility

Por Nicolás Salazar Sutil

Durante la cima climática de COP26 en Glasgow, numerosos organismos de gobierno y sector privado anunciaron un plan conjunto de financiamiento, prometiendo de paso la suma histórica de 1,700 millones de dólares para mitigar el cambio climático y la acción de las organizaciones de base. El coordinador de la Alianza Global de Comunidades Territoriales (AGCT) Tuntiak Katan aseveró en entrevista exclusiva con Tenure Facility que los pueblos indígenas no piden pago para proteger los bosques y la biodiversidad global. Para las comunidades territoriales, dichos fondos no representan un fin de lucro. Los recursos económicos son necesarios para garantizar los derechos a la tenencia de tierras.

“Lo que se pide” esclareció Katan, “es que se garantice el ejercicio de los derechos colectivos de los pueblos.” Evidentemente, la tenencia de tierras tiene su costo, lo mismo que la administración de tierras. “Aquí no se trata de que nos paguen,” puntualiza Katan, “pero que sí que se invierta en derechos colectivos.” Katan esbozó una nueva ingeniería financiera que permitiría que los fondos climáticos se inviertan en titular y garantizar derechos territoriales en áreas que están bajo presión de generar recursos no renovables dentro del sistema extractivista. “Una cosa es garantizar la tenencia de tierra y otra cosa es invertir para que las comunidades guardianas tengan capacidad para ejercer ese derecho a futuro,” agregó Katan. Es decir, titulación de tierras y la capacidad son dos prioridades básicas para quienes quieran invertir en la protección del bosque y la biodiversidad a futuro.

Tuntiak Katan

Durante el foro Land Dialogues: Financing Land Rights organizado recientemente por Tenure Facility, Kevin Currey del Ford Foundation y Harold Liversage del International Fund for Agricultural Development (IFAD), presentaron en conjunto con Tuntiak Katan una serie de recomendaciones para el manejo de los fondos anunciados en Glasgow. Según Katan, el sistema actual, en su mayor parte, no está diseñado para actuar en servicio de los territorios, o mejor dicho, desde los territorios. Es más, la gran mayoría de estos sistemas no son comunitarios, si no más bien individualistas y favorecen los objetivos cortoplacistas de los donantes sin antes entender las realidades locales. Es más, según explicó Katan en dicho foro, la economía climática suele entenderse desde una postura valórica que antepone el valor monetario y los intereses de corporaciones que no viven en el bosque, sino más bien a costa del bosque.

Katan lamenta que la mayoría de los fondos no lleguen a las comunidades, dado que se invierten en grandes ONGs internacionales diseñadas para gastar los fondos en sus propias estructuras. Según Katan, las comunidades indígenas tampoco acceden a fondos públicos y privados debido a que la información es privilegiada. Es decir, las comunidades suelen desconocer que existen fondos y por ende no los captan. En segundo lugar, no hay capacidad para administrar fondos, o para generar fondos de seguimiento, dentro de las instituciones indígenas. Por esta razón, la gran mayoría de los donantes no consideran que las comunidades indígenas están capacitadas para ser socios en una acción climática global. Aparentemente, las comunidades no están equipadas para realizar contabilidad y evaluación bajo los estándares impuestos por la burocracia de los donantes.

Nonette Royo, directora ejecutiva de Tenure Facility, aseveró durante este mismo foro que para contrarrestar dicha situación, es necesario llevar a cabo un cambio estructural. Royo agregó que Tenure Facility lleva años trabajando con organizaciones de base, y que lo que se ha aprendido en el camino es que las comunidades indígenas efectivamente son capaces de evaluar y contabilizar fondos climáticos internacionales. Royo agregó: “El mensaje es claro. El dinero debe ir directamente a las comunidades y se debe apoyar este proceso, sin cavilar, reconociendo que nuestros sistemas se tienen que ajustar al de ellos (las comunidades indígenas) y no viceversa”.

Liderada por Katan, la AGTC está enfrentando los desafíos de un cambio estructural. Esta organización representa pueblos forestales en dieciocho países, y en conjunto, protegen más de 840 millones de hectáreas de bosques tropicales. Dicha coalición se ha propuesto crear una nueva metodología de financiamiento de acción climática global. “De partida,” propone Katan, “hay que cambiar la terminología. Debemos referirnos a los Pueblos Indígenas no como beneficiarios sino como socios estratégicos.”

Lo que se busca desde la perspectiva de los territorios, por lo menos según Katan, es una ingeniería financiera ágil, flexible y justa, que entienda las necesidades de las comunidades territoriales que han vivido desde siempre en el bosque, y que por ende entienden de acción climática. Katan agregó que los mecanismos de financiamiento global “deberán ser más fáciles, menos burocráticos y que tendrán que dejar de enfocarse en los objetivos de los donantes para priorizar los resultados en el terreno.” Es decir, hay que enfrentar el financiamiento climático desde el punto de vista del impacto.

Según Katan, “corremos el riesgo de que en la conciencia social de la sociedad civil entre en la cabeza la noción de que la lucha por el cambio climático y la defensa de la naturaleza es un problema de los pueblos indígenas y no de la gente que vive en la ciudad… Es decir”, remató Katan, “el peligro es que no exista corresponsabilidad alguna. Por eso hay que hablar en términos de socios estratégicos y soluciones conjuntas.”

 

Nicolás Salazar Sutil es investigador y autor galardonado, ex profesor de Prácticas Transformacionales en la Universidad de Leeds, ahora director de Guardians Worldwide. Es colaborador habitual del sitio web de Tenure Facility.